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Margarida Borràs y la memoria transvalenciana

“¿Cómo reivindicar a tantas amigas que quedaron por el camino en tiempos de represión y marginalidad?” Eso fue lo que se preguntó la actriz y guionista valenciana Carmen Fernández cuando decidió dirigir una obra de teatro para recordar la figura de otra mujer trans como ella: Margarida Borràs (Mallorca – Valencia, 28 de julio de 1460).

Torturada y ahorcada en una plaza valenciana por su identidad de género, la valenciana Borràs era para la actriz y guionista representativa de muchas historias de transgresiones, supervivencia y disidencias.

Contar la historia de Margarida era un homenaje a todas esas amigas que no habían tenido la posibilidad de vivir y contar su historia; ya fuera porque la represión y las leyes las señalaban directamente con el dedo, o porque ni siquiera existían términos que reconocieran su existencia.

Condenar la diversidad de los cuerpos y sus múltiples deseos ha sido un mandato más o menos explícito en cualquier sistema donde el control sobre la sexualidad se pone en el centro. Prácticamente ninguno se escapa. Quién vive, cómo se vive y qué se vive se va imponiendo de diferentes formas: desde un jerárquico Tribunal de la Santa Inquisición hasta un buen puñado de anuncios que nos recuerdan cómo debemos ser hombres mientras nos estamos afeitando, ¡salvando las diferencias!

Miles de movimientos por la diversidad en todo el mundo buscan cada día luchar contra los mandatos de género y ampliar las categorías y las formas para conseguir el efecto de vidas menos asfixiantes y experiencias no represivas.
Lejos de tratarse de una reivindicación sin sentido, las cifras desmienten lo que algunas tendencias tachan de caprichos ideológicos. Según un estudio, el 24% de las muertes de jóvenes LGTBQ se deben a los suicidios. El experto Geoffrey Ream señala en el documento de investigación que estos fallecimientos no se deben a su identidad de género u orientación sexual sino a cómo el mundo reacciona a estos hechos.

En México, más de 50% de personas bajo identidades no normativas han pensado alguna vez en el suicidio. El 83% de las personas encuestadas señalaron que enfrentan a diario contextos hostiles.
El colectivo trans es uno de los más afectados por esta poca predisposición social a aceptar la diferencia. Las mujeres trans, además, son a menudos víctimas de asesinatos de odio en diferentes contextos y territorios. En estos casos, los ataques pueden provenir incluso de ambientes que dicen luchar por la equidad de derechos. Se las aboca, en numerosas ocasiones, a la marginalidad.

La memoria, en estos casos, es una herramienta efectiva para la supervivencia porque nos ayuda a generar relato y a recordar qué acontecimientos históricos jamás se deberían repetir.

La historia de Margarida Borrás

Margarida Borràs pudo haber sido hija, amiga, amante o compañera. Lo fue en muchos casos pero, por querer vivir sin esconderse, fue castigada por la sociedad valenciana del momento. El espectáculo de su ejecución en una plaza pública respondía, en palabras de Vicente Adelantado Soriano, a una “pedagogía del terror” en la que se mostraba los ejemplos que no se debían seguir.

Margaridas hubieron muchas pero sólo conocemos a algunas. En el caso de Borràs, su rastro no se pierde debido a un dietario en el que el sacerdote Melcior Miralles, capellán de Alfons el Magnànim, apuntó la ejecución de la misma. En ella describe que Margarida fue vista en muchas casas en València con ropas de mujer. Y que, en cuanto fue sabido el hecho, fue “presa y torturada”. También los hombres que, según el documento, tuvieron una relación de amantazgo con ella, fueron torturados.

En el mismo dietario se recogen otros casos como el de Pedro Vego, condenado por mantener relaciones sexuales con otros hombres. El castigo en estos casos era quemarlos vivos.

Incluso los espacios que se reservaban para este tipo de “castigos” son simbólicos del lugar social que se les daba a mujeres transgénero como Margarida. Mientras a los caballeros se les ejecutaba cerca de la Catedral de Valencia, al Mercado iban a parar quienes eran consideradas los peores ejemplares de la sociedad. Entre ellos, los llamados sodomitas donde, por supuesto, se la incluía.

Margarida fue finalmente ahorcada en un acto violento en el que quedaba clara cuál había sido su transgresión: vivir un género que, según la norma, no tenía nada que ver con su sexo. Así, en el acto de ejecución se la vistió con escasos ropajes masculinos dejando a la vista sus genitales frente a la muchedumbre. Su elección de vida había sido pisoteada.

De la muerte a la vida

Se puede vivir en los textos, en el recuerdo y en la memoria colectiva. Es lo que le ha ocurrida a Margarida Borràs en València. Tras conocer su historia y, aunque tenemos hoy poquísimos datos sobre cómo fue su existencia, se presupone que era hija de un notario de Mallorca y que pudo haberse movido por los círculos de la alta sociedad valenciana. También que pudo haber destacado por su libertad y su irreverencia. No parecía tener interés en ocultar su identidad y en vivir una doble moral hipócrita que no la reconociera.

Precisamente fue ese juego de apariencias lo que la llevó a la muerte ya que se sospecha que alguno de sus amantes pudo ver amenazada su reputación ante la libertad que lucía la valenciana Margarida.

Hoy Margarida Borrás es la primera mujer trans de la que se tiene conocimiento en València. De los silencios de su siglo XV, se ha pasado a un siglo XXI que la recuerda con una placa en la Plaça del Mercat de València, la misma donde fue ejecutada.

Asimismo, Margarida da nombre al galardón más importante que otorga cada año la el Col•lectiu de lesbianes, gais, transsexuals i bisexuals de València (Lambda) a aquellas personas y entidades que han sido relevantes en la lucha contra el odio hacia la diversidad.

En palabras de Lambda, «la figura de Margarida Borrás simboliza perfectamente el empeño de todas aquellas personas que queremos vivir nuestra identidad sexual u orientación sexual libremente. Por la descripción del dietario podríamos entender que Margarida, nacida Miquel, fue una persona trans. Por ello queríamos hacer un pequeño homenaje a la primera persona de la que tenemos constancia histórica en Valencia que murió a consecuencia del odio y la discriminación sufridos por el solo hecho de mostrarse a la sociedad tal y como se sentía».

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Venimos a decir que tu suma, aquí, no resta. Que tu nombre no nos borra. Que tu inclusión es la esencia humana que hace libre la existencia.

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